Tetuán es una ciudad pequeña, manejable y los tetuaníes gente tremendamente acogedora. Todo eso hace que casi sin darte cuenta y en poco tiempo te veas muy integrada. La influencia española aquí es muy fuerte, por la cercanía con la península y Ceuta, por los siglos de historia compartida (no hay que olvidar que Tetuán fue la capital del Protectorado español), así como por el hecho de que muchos tetuaníes tienen como segundo idioma el castellano y no el francés como en otras zonas de Marruecos. Esto último, el idioma, hace mucho más fácil relacionarse, aún más si lo unimos al hecho de que los marroquíes te tratan como a uno de los suyos desde el primer momento, como a un miembro de su familia. Todo esto hace que Tetuán sea una ciudad muy especial. Su mezcla de culturas, su historia y el residuo que todo esto ha dejado en su sociedad, en su arquitectura, gastronomía o en el mismo dialecto (el cual contiene numerosas palabras heredadas del castellano) convierten a Tetuán en una de las ciudades, cuanto menos, más curiosas del país.